¿Fue Napoleón Bonaparte un visionario o un tirano?

Más de dos siglos han pasado de su muerte, pero la vida de Napoleón sigue creando polémica y da mucho de que hablar en cuanto a su legado y su manera de liderar.

Escritor y político François-René de Chateaubriand, dijo de Napoleón: “Ese hombre, del que admiro el genio y aborrezco el despotismo”. Esa frase resume un poco toda la polémica sobre la vida de Napoleón. Algunos dicen que fue un personaje con visiones únicas, mientras otros le ven como un monstruo sanguinario.

Un genio y amante del arte

El régimen napoleónico se percibía como una administración efectiva, en la que la evolución tecnológica tenía un rol crucial. Se destacaba por el desarrollo de infraestructuras, vías públicas y sistemas de comunicación como el servicio postal y los telégrafos. Napoleón fue el primero en introducir lo que hoy denominamos Código Civil, que aún está en vigor en Francia y se ha transformado en un referente para las Constituciones de otras naciones.

Asimismo, podemos destacar su labor social y resaltar las profundas reformas de las instituciones de Francia: el Consejo de Estado, el Banco de Francia, los prefectos, los liceos, la Orden Nacional de la Legión de Honor y el Tribunal de Cuentas.

Napoleón también se destaca en la historia como un patrón de las artes, utilizando a los artistas para realzar su imagen personal. Tenemos como evidencia una gran cantidad de sus retratos de gran tamaño en las que fue eternizado. El emperador ayudó a que París se transformara en el epicentro del arte y las ciencias, con el objetivo de crear un museo global con todas esas piezas saqueadas que habían sido llevadas a París como trofeos de guerra.

También, tuvo influencia en otros ámbitos, Napoleón hizo la unificación de los pesos y medidas y introdujo la numeración de las calles, la Magistratura de Trabajo, la recogida de la basura, el Comité Central de Vacunación, la sociedad para la extinción de la «pequeña viruela» y la propagación de la vacuna.

Tirano de sangre fría

Pero por otro lado, Napoleón fue un defensor de un Estado policial, fue un dictador que con su maquinaria bélica destruyó amplias regiones de Europa. Tuvo el objetivo de expandir su poder e influencia en todo el mundo, lo que costó la vida a 3 millones de personas en Europa. Unos diez millones quedaron heridos en los territorios completamente destruidos.

Napoleón mismo proclamaba su amor por la guerra. Se sentía cómodo exhibiendo sus habilidades y talentos militares en los campos de guerra. La mayoría de las las guerras de aquel tiempo eran defensivas, hasta que en 1808, la ambición de Napoleón se desbordó. En España, y especialmente en Rusia, evidenció que su motivación principal para la guerra era su deseo de gloria. La cifra de fallecidos crecía y los enfrentamientos se volvían cada vez más crueles y violentos. De esta manera, se calcula que cerca de un millón de soldados franceses perdieron la vida durante las guerras de la Revolución y del Imperio, un número sin duda elevado, pero inferior al de las guerras actuales.

Napoleón y su poderoso ejército devastaron Europa en su avance hacia Rusia, cuando en 1812 congregó la mayor fuerza militar jamás presenciada en el Viejo Continente, compuesta por 650.000 hombres. Se calcula que regresó con un contingente de apenas 40.000 soldados. Las bajas fueron enormes, sin mencionar el padecimiento de los civiles.

Sin embargo, al dato que causa más polémicas y una gran mancha en su legado, es sin duda, su rol en la reintroducción de la esclavitud en Francia. Ocho años después de la Revolución Francesa, se daba marcha atrás a la reintroducción de la esclavitud. Lo que convirtió a Francia en el único país que volvió a introducir la esclavitud después de haberla abolido. Con ese acto, en Francia fueron condenadas a una vida en servidumbre, alrededor de 300.000 personas.